Tweet El Cea

sábado, 15 de septiembre de 2018

Ministerio Inaccesible


La Gerencia territorial de Andalucía en Málaga del Ministerio de justicia, situada en Avenida Manuel Agustín Heredia, 10 Málaga no es accesible para las personas con discapacidad, lo que genera una discriminación al ciudadano en esta situación. Adjunto fotografías que atestiguan este hecho. Soy consciente de que al ver la palabra accesibilidad en este texto el registro de la Gerencia Municipal de Urbanismo, derivará este documento a esa área, pero les recuerdo que dicho departamento no tiene competencias para sancionar. Por ello les pido que tengan en cuenta que esta denuncia debe dirigirse a quien si tenga la debida competencia.
Una de las imágenes que adjunto muestra lo siguiente:
1. Una placa indicativa de donde estás.
2. Una placa con la leyenda siguiente: Toda persona que tenga problemas de accesibilidad para acudir a las oficinas de la Gerencia territorial del ministerio de justicia, por favor llamen al portero electrónico 2 derecha ó 2 izquierda y un funcionario acudirá para atenderles.

Otra imagen que envío prueba que es imposible para una persona con movilidad reducida en silla de ruedas alcanzar al portero electrónico.

Por último, pongo una fotografía que evidencia la imposibilidad de acceder a ese edificio en silla de ruedas.

La discriminación descrita es grande, también la limitación a mi acceso a la justicia, así como a mi participación en la vida pública y política de mi comunidad y va contra la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, por lo menos en lo referente a los artículos 5, 9, 13 y 29.

También rompe con la disposición adicional 3ª de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social, aprobada mediante el real decreto ley 1/2013 en varios de sus apartados.

En cuanto a la accesibilidad del lugar, este edificio público infringe, al menos,  el artículo 45 del decreto 293/2009.

Como no soy jurista, ignoro si hay que añadir algo más. Espero que este asunto se solucione a la mayor brevedad posible, sancionando a quien sea preciso.

Un saludo.

martes, 4 de septiembre de 2018

Descripción de imágenes

A veces hay que reírse ante la tontería ajena, la ignorancia y la discriminación. Ayer por la mañana estuve en la Gerencia territorial de Andalucía en Málaga del Ministerio de Justicia.
El sitio es inaccesible.
En las fotos que mando ponen dos cosas:
1.. Una placa indicativa de dónde estás.
2. Una placa con la leyenda siguiente: Toda persona que tenga problemas de accesibilidad para acudir a las oficinas de la Gerencia territorial del ministerio de justicia, por favor llamen al portero electrónico 2 derecha ó 2 izquierda y un funcionario acudirá para atenderles.
La otra imagen es de una foto en la que se ve que yo no alcanzo al portero electrónico.
Por último, hay una fotografía que simplemente muestra la inaccesibilidad del lugar: Falta de rampas, escalones inmensos, altura del portero electrónico inadecuada.

miércoles, 12 de abril de 2017

No lo vuelvas a hacer, le dijo la víctima al verdugo

Vamos a ver, si yo veo a un caco robándole el bolso a una señora y sé quién es, lo denuncio pero no para que se conciencie bien de que no debe robarle a las señoras, sino para que le devuelva su bolso y pague las consecuencias como ladrón que es. Debe retornar dinero, pagar una multa, ingresar en prisión si fuera el caso, pagar daños morales, humillaciones y todo lo demás que sea menester.

Pues lo mismo ocurre con este hombre del pub que le negó la entrada a unos jóvenes con síndrome de Down: Yo no le denunciaría sólo para que se conciencie, ni para que se sensibilice. Yo le denuncio para que rinda cuentas ante la justicia como discriminador que me parece. Porque ya está bien de dejarse avasallar gratuitamente. Así no avanzamos nada en la aceptación de la diversidad humana. Si el juez dictamina que lo ocurrido el día 7 es un delito, y a mí me parece uno bastante grave, no es deber de la víctima hacer de educador social de este delincuente. Sería simplemente como darle un cachete a un asesino en serie. La educación social será parte de la pena que presuntamente le pondrá la justicia para que dicho individuo se reinserte en la sociedad.

La pena consiste en castigo y reinserción. Tan importante es uno como otra. Digo yo.

jueves, 2 de marzo de 2017

Chinchetas y asistencia personal

Este cuento chino comienza cuando llaman del hospital para comunicarme que esa tarde tengo que hacerme unas pruebas que había solicitado tiempo atrás. Lo lógico y normal, como soy un quejica al que nada le gusta, hubiera sido dar un par de voces y lamentarme por la llamada, pero en vez de eso acudí al hospital para cerciorarme de que mi cabeza sigue funcionando como lo hace habitualmente.
La revisión médica tuvo lugar en el centro Carlos Haya, ahora llamado Hospital Regional Universitario de Málaga – Hospital General. Y antes de nada debo decir que el trato fue muy amable por parte de sus trabajadores. El desnivel que existe a la entrada de dicho centro hospitalario da un poco de miedo por ser bastante grande, pero sus constructores lo han resuelto situando unas cuestas para acceder al hospital tanto en vehículo motorizado (normalmente ambulancia) como a pie.
Pero lo que viene al caso es que no tengo la costumbre de salir de casa con la cinta métrica y el porta ángulos, por tanto no sé si la cuesta de acceso se ajusta a la legislación vigente. Podría decir que de ninguna manera, pero como no lo sé con seguridad, sólo puedo afirmar que la cuesta daba un poco de miedo porque yo iba a rueda, pero no en vehículo motorizado, sino en mi silla de ruedas. Ello provocó unas pequeñas gotas de sudor en mi asistente personal, que empujaba mi silla. Mis padres tienen ya cierta edad y carecen de la fuerza necesaria para subir y bajar semejantes rampas.
Con todo, a pesar del temor que despertaba en mi persona logramos entrar en el lugar (mis padres, mi asistente personal y yo). Una vez vencido ese pequeño obstáculo, llegó el siguiente, que le puede ocurrir a cualquiera: consiste en que este lugar es bastante laberíntico, las señales brillan por su ausencia, y nos perdimos un par de veces antes de llegar al destino deseado y nunca prescrito por escrito, sino por teléfono. Mi suerte es que mi madre tiene la virtud de orientarse bastante bien en estos sitios, porque yo lo última vez que visité el todavía “Carlos Haya” (cosas de ser un capitán de las fuerzas aéreas españolas en el bando franquista durante la guerra civil, que le quitan tu nombre al hospital principal de una ciudad, aunque sinceramente, yo no sé en qué consistió la contribución de este hombre a la medicina de nuestra ciudad, pero todo esto es irse un poco por los Cerros de Úbeda) estaba inconsciente debido a un derrame cerebral que derivó en otros hospitales y asuntos.
Esto de las cuestas y rampas de acceso a los diferentes bienes públicos, o privados, para el caso es lo mismo, viene a ser de lo que todo el mundo se da cuenta pero poca gente remedia. Debe ocurrir por vivir en una ciudad privilegiada, en un país desarrollado con una sanidad envidiable, un potencial de crecimiento increíble, donde las flores abundan y siempre sopla una cálida brisa.
De lo que la mayoría no se percata, o no nos percatamos, es del verdadero problema o barrera que a las personas que circulamos en silla de ruedas o a las que no ven con exquisita precisión nos acarrea la existente señalización que hay en los pasillos de los lugares públicos, a pesar de no ser estrictamente ciegos. La cuestión radica en la altura y cantidad de información de los carteles que la distribuyen.
Sin entrar mucho en grandes detalles, desde mi altura de aproximadamente un metro y treinta centímetros y colocado a una distancia de un metro, digamos, de la pared, me resulta muy difícil, si no imposible, leer un cartel situado a aproximadamente un metro y setenta centímetros de altura. Supongo que la solución sería colgar dichas señales a una altura a la que todos pudiéramos acceder sin dejarnos los ojos ni la espalda en el intento, aunque ignoro si alguna ley recoge este extremo. El coste económico de una acción parecida sería tanto como utilizar la misma chincheta unos centímetros más abajo de lo habitual. Además, no creo que haya que estudiar ingeniería o similar para realizar este cambio.
Respecto a la cantidad de información contenida en cada señal, entiendo que la solución posible resulta mucho más cara, y no sé si tal ajuste será razonable o excesivo. Mi propuesta sería aumentar el tamaño de la letra en cuestión lo que supondría usar tres folios en lugar de uno. Repito: ignoro si las arcas públicas podrán soportar este enorme gasto que exclusivamente a mí beneficiaría.
Es lo que tiene tener caprichos como pretender ejercer libremente mi derecho a la opinión debidamente informado. Sucede que antes de toda esta historieta, encima se me ocurrió levantarme de la cama, asearme un poco, almorzar e ir al aseo. Para todo ello hizo falta el concurso de mi asistente personal. Sin embargo repito que todas estas cosas son consideradas caprichos míos, o de otra gente, que luego se me enfada el personal. En cualquier caso, resulta de lo más raro esta confusión que existe entre el cumplimiento de mis caprichos con el de mis derechos humanos, como pueda ser el de la vida independiente.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Sacar los pies del tiesto

El juego político impide, en muchas ocasiones, decir lo que realmente uno piensa.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

Empleo de los oprimidos por su funcionamiento

El artículo 27 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, relativo al trabajo y al empleo es bastante extenso. Sobre el papel, por tanto, las personas normalmente discriminadas por nuestro funcionamiento estamos totalmente protegidas y seguras  en todos los procesos tanto de selección como de permanencia en el puesto de trabajo incluyendo los ajustes razonables necesarios para poder desempeñar nuestra tarea dignamente. Sin embargo, pecaríamos de una ingenuidad pasmosa si pensáramos  que del dicho al hecho no va un grandísimo trecho. Muchas personas han indicado con anterioridad a mí la desigualdad de oportunidades existente en este sector tan decisivo, pero  no por eso yo voy a dejar de airear tal circunstancia; creo que es mi obligación y mi responsabilidad, y espero no equivocarme demasiado en la tarea que yo mismo me he impuesto.

El éxito de  las políticas tradicionales de empleo protegido no ha sido precisamente arrollador.  Esas políticas tradicionales nos han llevado a tasas muy bajas de empleo haciendo poco caso de las recomendaciones y mandatos establecidos por la mencionada Convención. Nuestras actuaciones se basan fundamentalmente en la construcción masiva de centros especiales de empleo, con lo que habría que preguntarse sobre la importancia y la utilidad de las tradiciones en general.

Y es que tenemos una idea muy rara sobre las tradiciones y costumbres que practicamos por el mero hecho de ser ancestrales. Nunca pensamos en que algunas son nocivas para nosotros y producen estancamiento en nuestra situación. Saliéndome del camino establecido, este es el caso de los matrimonios forzados infantiles de la India en los que niñas de 7 o 9 años son forzadas por sus padres a contraer matrimonio y mantener relaciones sexuales con adultos amparándose en tradiciones religiosas “antiquísimas”. Se cometen, en consecuencia, agresiones aberrantes y actos muy violentos sobre niñas que corren peligro claro de muerte. No me puedo imaginar que se realicen bajo la justificación de una vieja y ancestral costumbre religiosa.

Salvando las distancias aquí hemos llevado a cabo similares acciones de cierta repercusión. Al contrario de lo marcado por el Tratado internacional, en España siempre hemos optado por ir a lo cómodo, fácil y lucrativo incluso sin tener en cuenta los derechos legítimos de los trabajadores. Medidas como el fomento del autoempleo, la formación y habilitación, la accesibilidad, los ajustes razonables y, en general, aquellas destinadas al trabajo en ámbitos abiertos y regulares no se han efectuado con la suficiente energía, impidiéndonos llevar a cabo trabajos decentes con perspectivas de mejora al tiempo que algunos pocos se han enriquecido a nuestra costa.

Entre otras muchas cosas, brillan por su ausencia los centros regulares y ordinarios de trabajo con presencia relevante de personas discriminadas por nuestro funcionamiento.

Resulta inimaginable considerar seriamente la existencia generalizada de centros especiales de empleo para personas mayores de 55 años, para mujeres o para personas inmigrantes sin perspectiva alguna de inclusión en el mercado laboral corriente. La independencia de sus vidas quedaría en entredicho y no les faltaría razón a quienes criticaran este modo de contratación.

Sin duda y con razón el escándalo estaría servido. La mera existencia de tales lugares generaría una insoportable sensación de estupor. Los testigos y todos los demás nos echaríamos a las calles para protestar por esas indeseables situaciones. Si no mostrásemos en masa nuestro enfado, al menos gesticularíamos con vehemencia en la privacidad de la barra del bar de nuestro barrio. Salvo excepciones que sólo sirven para confirmar la regla, estos sitios no cumplen los mínimos requisitos exigibles para trabajar. La justificación no puede ser que un empleo es un empleo. En este siglo y para otros colectivos esa excusa no sirve. Tampoco nosotros la debemos aceptar.


Lo anteriormente tratado me lleva a pensar en la función de los sindicatos. Y me pregunto si por omisión o por acción estarán fallando o si hemos llegado a un destino ineludible. Yo quiero pensar que aún no hemos llegado a puerto, y me interrogo por la utilidad de su existencia tanto si no pueden actuar en casos como estos como si no quieren hacerlo. Cualquier respuesta que encuentro no es muy favorable a su labor. Finalmente recuerdo alguna escena de “Solo ante el peligro” y tiemblo.

viernes, 13 de mayo de 2016

La guerra que nadie admite que existe, pero que existe


El miércoles se realizó una jornada sobre asistencia personal en Jaén auspiciada por PREDIF. Aquí en Andalucía se llama CODISA PREDIF, pero es lo mismo. A esa jornada sobre la gestión de una OVI acudimos por parte de ASPAYM Madrid Javier Arroyo, por parte de ECOM Jason Galarraga, y por parte de VI Andalucía,  representando a FEVI, César Giménez. También fue mucha otra gente a exponer sus diferentes puntos de vista. Yo destaco, por encima de las demás, la magnífica exposición del profesor Antonio Iañez de la Universidad Pablo de Olavide.

Aparte de las consabidas y habituales ausencias (Gonzalo Rivas entre otros) la función fue la habitual cansina sucesión de ponencias sobre un derecho totalmente desconocido en esa ciudad andaluza. El evento se dirigía principalmente a trabajadores sociales, pero fue notable la presencia también de personas con diversidad funcional, lo que es de agradecer. Resulta agradable dar a conocer a personas también discriminadas por su funcionamiento sus derechos, aunque los ponentes muestren algunas diferencias entre la manera de gestionar un derecho en un lugar o en otro.

Una pequeña conclusión que yo saco de este día es que resulta notoria la baja prioridad que ocupa la asistencia personal en la agenda política, pero eso es una reflexión personal. Creo que no me equivoco demasiado al decir que no se trata en ningún caso de desconocimiento por parte de las diferentes administraciones, tampoco pueden defenderse con el pretexto tan manido de la crisis económica.

Los diferentes proyectos y programas que han surgido y se han asentado en nuestra geografía muestran unánimemente que al ejercer nuestro derecho a la asistencia personal se vive mejor, aumenta nuestra calidad de vida, la de las personas nos rodean, y además el estado o gobierno de turno se ahorra unos necesarios dinerillos. Es mi opinión que ha llegado el momento de abandonar la política (graciable) de diferentes proyectos, programas, subvenciones, etc. y dar lugar  a que la asistencia personal se convierta en la norma general en todo el estado basándose en las necesidades del “usuario” y no en su “grado de dependencia”.

Parece superfluo contar aquí el ninguneo al que viene siendo sujeta la prestación por asistencia personal en toda España. Tuvo que llegar la debacle económica española, europea y mundial para que las propias entidades del sector se dieran cuenta de que la solución a nuestros problemas de vida no puede proceder del internamiento en centros residenciales. En ellos, más que vivir se puede sobrevivir. La sustitución por un sistema digno y suficiente del apoyo de la asistencia personal autogestionada para conseguir alcanzar la vida independiente que se recoge en el artículo 19 de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad  queda patente tras una labor ingente de un grupo muy reducido de personas.

El problema, que no es tal, gira en torno a que la asistencia personal no es monopolio ni del foro, ni de la FEVI, ni de nadie. El problema, que sí es tal, es que en estos momentos hay entidades muy potentes dentro del sector que intentan utilizar su posición dominante para monopolizar un servicio y un derecho que pertenece sola y exclusivamente al individuo. Por todos nuestros medios hay que evitar que las diferentes asociaciones se apropien indebidamente de un derecho de todas las personas con necesidad de ese apoyo. Desde FEVI, vemos que esa apropiación indebida se está comenzando a fraguar, dejando de lado y pervirtiendo los principios del Movimiento de Vida Independiente.

Por tanto, debemos aunar nuestras fuerzas en permitir que la libertad de elección y control sea, en efecto, una realidad. Todo lo que se aleje de los principios del MVI son personalismos y una competitividad contra la que siempre nos hemos posicionado. Ha costado mucho sacrificio y esfuerzo ganar la primera batalla, sólo si persistimos en respetar los ejes establecidos en relación con la asistencia personal conseguiremos vencer la guerra que nos han declarado.