jueves, 7 de mayo de 2015
viernes, 27 de marzo de 2015
Comunicado de la Familia López Reduello en relación con el comentario aparecido en prensa
Me entero con
vergüenza de lo que me cuenta mi hija, que está en ese
colegio. Me dice que los compañeros de clase de la
niña la tienen calada perfectamente y saben lo que hay
que hacer para provocarle una crisis "y que monte un
pollo para no dar clase" y me cuenta que dicen que
"luego, si haces que te empuje o te insulte o algo, la
regañan más y se pone peor y se monta más todavía y no
se da clase." De piedra me he quedado y no paro de
pensar en la familia de esa niña y lo ciegos que hemos
estado los demás padres.
De ser cierto lo
expuesto en el comentario y ante la gravedad de los
hechos, Queremos agradecer primero su valentía a la
persona que lo emite y felicitarle por el hecho de que
su hija es capaz de identificar el bien del mal en esta
situación y el beneficio para todos los niños y las
niñas de que esta circunstancia salga a la luz y se
pueda actuar en consecuencia.
En este hecho, que será
debidamente tratado por los cauces apropiados, nuestra
inquietud está ahora en la infancia. ROGAMOS
ENCARECIDAMENTE QUE NO SE SEÑALE NI CULPABILICE POR
PARTE DE NADIE A LOS NIÑOS Y A LAS NIÑAS MÁS ALLA DE LOS
HECHOS EXPUESTOS POR ESTE VALIENTE LECTOR. NO QUEREMOS
NI APROBAMOS COMENTARIOS ADICIONALES ACERCA DE LA MÁS
MÍNIMA RESPONSABILIDAD FINAL DE UN NIÑO O UNA NIÑA EN
ESTE ASUNTO. HAY QUE PROTEGER A LA INFANCIA. El lector
que comenta expone un hecho con valentía, y nuestra
lectura es que el responsable de esta presunta situación
de bulliing, de confirmarse, desde luego no son los
niños de 9-10 años, Sino quienes les han educado así y
han permitido este ambiente tóxico para la infancia.
Desde nuestra postura
han sido presuntamente expuestos a una dinámica de
segregación, exclusión y dejadez en el centro escolar
que han interiorizado y que ha llegado al seno de
familias capaces de orquestar una huelga con ellos. Se
dice que "Los niños nos aprenden a nosotros" y desde
nuestra postura han aprendido de los adultos a la
vista de las situaciones a las que han estado
expuestos a retirar de su compañera el atributo de
compañera y niña para convertirla en un instrumento.
Todo esto ha sido puesto en conocimiento de la
Justicia y es ella la que debe decidir. Sin olvidar
que las labores de "mediación" en "intervención "
están siendo realizadas por la misma administración
que ha permitido esta situación, esperamos de los
profesionales que están con ellos que presten la
debida atención a esta terrible circunstancia.
lunes, 23 de febrero de 2015
El peligroso estigma de las etiquetas
Estos últimos días y semanas me ha estado acosando la idea
de que los espacios y entornos en los que nos desenvolvemos han ido menguando a
lo largo de los años. Ello ha traído unas consecuencias inesperadas. Y estoy pensando en los lugares en los que jugaba
la generación anterior a la mía, la mía propia, y la de nuestros descendientes.
Ocurre que creo que ello ha repercutido de una manera importante en nuestro
gasto de energía y en la atención que le podemos prestar a diferentes asuntos.
Así, por ejemplo, muchas veces les he escuchado a mis
mayores que iban a jugar a cualquier sitio del pueblo y las afueras, sin
vigilancia alguna por parte de sus padres. En mi época infantil, la pandilla
bajaba al patio de la casa a jugar al futbol y al baloncesto, al pilla pilla y
a lo que fuera, y de vez en cuando, los más imprudentes íbamos a los edificios
aledaños (en un tiempo en el que extrañamente muchos hoteles se incendiaron) a
trastear en piscinas vacías o investigar interiores tiznados. Años después,
observo a los hijos de mis hermanos, vecinos, y amigos varios jugar en su
propio domicilio o en el exterior pero siempre bajo la atenta mirada de sus progenitores.
A mi modesto entender, sin ser psicólogo ni pedagogo, esta
transformación ha sucedido por un par de razones. Mucho tiene que ver el diseño
de nuestros pueblos y ciudades que favorece la proliferación de vehículos
motorizados (coches). También hay que señalar la enorme sensación de falta de
seguridad producida por estos vehículos y por personajes de diversa calaña que
ponen en guardia a los padres de los niños, favoreciendo una protección que
muchos calificaremos de excesiva. Pero reconozco que lo anteriormente dicho se
pronuncia por alguien que lo ve todo desde fuera.
Antes de proseguir quiero puntualizar que me referiré a
chicos en edades anteriores a la pubertad, una preadolescencia en la que se
suma el consumismo imperante con un afán de compra casi compulsiva desconocida
hasta ahora. Pero ese es otro cantar que poco tiene que ver con el que estoy
tratando en estas líneas.
Hecho este inciso, debe quedar claro que es mi sospecha que
el déficit de atención y la hiperactividad infantil en edades tempranas son en
parte producto de esta sobreprotección paternal. Las consecuencias en el entorno familiar, en la escuela y en
la sociedad en general son patentes. Sin duda, otros factores influyen en
trastornos y supuestos trastornos de nuestros niños, como pueden ser la
alimentación, la contaminación ambiental, la falta de conciliación familiar y
laboral que lleva a un tardío nacimiento de bebés, y más.
Volviendo al asunto que llevamos entre manos, en muchas
ocasiones diagnosticar y poner una “etiqueta” a estos niños por parte de sus
padres y de la comunidad educativa les da una seguridad aparente justificando
un trato diferenciado hacia ellos y determinando tratamientos
pseudo-terapéuticos con el único propósito de pretender favorecer el mejor
interés del niño.
Como acabo de indicar, etiquetar es cómodo, sencillo y una
tendencia irrefrenable por parte de los mayores. Sin embargo, estos actos de
etiquetado pueden acarrear consecuencias estigmatizantes de un calibre
desconocido, o más bien conocido para quienes consideramos que convivir con un
estigma resulta complicado y dañino.
Lo que nunca hay que hacer es rebajar las expectativas
depositadas en nuestros jóvenes por
causa del etiquetado, y no hay que cargar excesivamente de trabajo al niño, sin
olvidar que la tarea principal de un menor es, precisamente y hasta la
extenuación, el juego. Lo raro sería encontrar un niño que no se hartara de
hacer gamberradas o trastadas ni de ser un travieso.
domingo, 15 de febrero de 2015
El CERMI vuelve a intentar sacar pecho
Partamos de la idea de que no voy a apoyar la segregación o exclusión de personas de las corrientes
generales de la sociedad motivada por su funcionamiento.
Del mismo modo, me
opongo a cualquier copago en relación a la promoción de la vida independiente.
A ello se suma
que, tras mucho lenguaje barroco y enrevesado, la proposición del CERMI se
limita a pretender cambiar tres epígrafes de dos artículos de la Ley de
Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de
dependencia.
De ese modo, al
14.7 pretende que se le añadan dos frases para que quede 'a los efectos de
esta Ley, la capacidad económica y la
participación en el coste de las prestaciones de las personas beneficiarias se
determinarán, en la forma que reglamentariamente se establezca…, en
atención a la renta y el patrimonio del solicitante. En la consideración de la renta y del patrimonio se
tendrán en cuenta la edad, el momento
vital de aparición de la situación de dependencia y su mayor o menor
prolongación a lo largo de la vida de la persona beneficiaria, así como
el tipo de servicio que se presta’.
En cuanto al artículo 33.1, a su juicio se le debería añadir
una palabra para enmendarlo. Según el CERMI, mejor que lea 'Los beneficiarios… participarán en la financiación de las mismas,
según el tipo y coste del servicio y exclusivamente
su capacidad económica personal'.
Por último, se
quiere redactar el artículo 33.3 así: 'el Consejo Territorial del
Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia fijará los criterios para
la aplicación de lo previsto en este artículo, que serán desarrollados en los
Convenios a que se refiere el artículo 10.
Para fijar la participación del beneficiario, se tendrán en cuenta factores
como la edad, el momento de aparición de la situación de dependencia y su mayor
o menor prolongación a lo largo de la vida de la persona, así como la
distinción entre servicios asistenciales y de manutención y hoteleros.
Quedarán
exentos de participación en el coste de las prestaciones aquellos beneficiarios
cuya capacidad económica personal no supere en 2,5 veces el Indicador Público
de Renta de Efectos Múltiples (IPREM).
En ningún
caso, la participación del beneficiario en el coste de los
servicios superará el 60 por ciento respecto al precio de referencia que se
haya establecido para los mismos.
La
participación en el coste de los servicios deberá garantizar a la persona
beneficiaria al menos una cantidad mínima para gastos personales que será del
40 por ciento del IPREM correspondiente.’
Creo que movilizar a 500.000 personas para adherirse a
este documento es una tomadura de pelo porque el mismo no supone un cambio
sustancial a un copago que ya hemos rechazado. Me parece mucho ruido y pocas
nueces. No recomiendo firmar un texto tan blando como ñoño.
Este
antiguo documento es de imprescindible lectura para entender esta postura: http://www.forovidaindependiente.org/files/documentos/pdf/NO%20AL%20COPAGO%20POR%20UN%20DERECHO%20UNIVERSAL.pdf
Deuda impagable
Uno de estos días pasados me enteré de que en los últimos
100 años la violencia ha disminuido. ¿De qué nos quejamos tanto entonces? Es
bien sencillo. Resulta que a pesar de la presunta menor violencia, hoy nos
enteramos más de ella que hace un siglo. Además, no solo nos enteramos de la
que ocurre a nivel local sino también de la que se da a nivel global. Es de
hacer notar que la violencia que más ha aumentado son los crímenes contra los
colectivos minoritarios.
Si hubiera que echarle la culpa a alguien de abrirnos los
ojos, que por supuesto es impensable, sería a los medios de comunicación que,
como todos sabemos, han proliferado como setas en los últimos años. A pesar de
que los medios de comunicación tienen su propia agenda y nos influyen con ella
pues sacan a la luz lo que sus editores consideran importante, cosa que no
siempre coincide con lo que la población considera de relevancia, la plebe nos
rebelamos ante hechos desagradables.
Ocurre que dichos medios parece que le proporcionan mayor
importancia a los sucesos acaecidos en tierras lejanas que a lo que le puede
pasar a nuestro vecino de la puerta de al lado. Y debido a su influencia sobre
el vulgo, le otorgamos más relevancia a lo que acontece más allá de nuestras
fronteras que a lo que ocurre aquí al ladito. Es curioso saber que existen
organizaciones de derechos humanos que presionan a gobiernos de países
diferentes al suyo (ahí tiene mucho que ver también el riesgo que corren los
cooperantes de estas organizaciones).
De este modo, cada cual ayuda al prójimo de la manera en que
puede y sabe y a quien le han dicho que en ese momento toca, porque la
benevolencia del ser humano suele ser lo más habitual. Y a veces produce
frustración el hecho de que mucho de ese apoyo económico vaya destinado a otras
tierras en lugar de a los problemas que más directamente nos tocan. Pero eso es
puro egoísmo en mi opinión.
De cualquier manera y de tanto hacer un uso indiscriminado
de determinadas palabras, estos términos han llegado a tener un significado
vacío de contenido y hueco. Se trata de términos tan cruciales como “derecho”,
“odio”, “marginación”, “exclusión”, “segregación”, y así hasta el infinito y
más allá. Sin embargo y a pesar de su utilización a menudo gratuita, no podemos
ni debemos dejar pasar por alto sin darle su debida notabilidad a semejante
lenguaje.
Así pues, también nosotros debemos convertirnos en
“discriminadores” de los medios de comunicación a los que respetamos y hacemos
mayor o menor caso, según la ocasión. Del mismo modo que hay que tener sumo
cuidado y pulcritud en el uso de las palabras, los espectadores, lectores o lo
que nos toque en cada momento, debemos interpretar correctamente aquello que se
nos está tratando de comunicar.
En fin, que hay que levantar una ceja cada vez que oigamos
hablar de “derechos”. Es menester ser consciente de que no todo es un derecho
pero también que cuando se habla con corrección será obligatorio defender a
capa y espada dichos derechos. En lo referente a las personas anormales, más
que de derechos, yo hablaría de deudas imponentes e impagables por las que
alguien tendrá que responder algún día.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
lunes, 1 de diciembre de 2014
Modelo para sacar Andalucía de la ruina
Parece que en Andalucía estamos tontos. Y la cosa no viene de ahora sino que ya es tradicional, con solera, de barrica de roble. Y es que aquí no sabemos aprovechar lo que tenemos. Porque bien está que tengamos más de un tercio de nuestros habitantes haciendo cola en las oficinas de empleo, y otros muchos que se van a otras regiones españolas o al extranjero para enriquecer esas tierras dejadas de la mano de Dios, pero las oportunidades de trabajo que existen aquí deberían provocar el efecto contrario.
Y es que en lugar de tener altos índices de paro y
emigración, podíamos acoger a todas las personas que desearan encontrar empleo
y una vida digna, ya que aquí granizan piedras preciosas y nos sobran las
oportunidades y promesas. Aparte, aquí se vive como en ningún sitio, con la
amabilidad propia, la gastronomía envidiable, una cultura que no existe en
otros lugares, un turismo excepcional y un tiempo que no veas.
Como sabemos que todo territorio que genera su propia
energía genera pobreza preferimos importarla y depender del trabajo y las
condiciones políticas, económicas y sociales que existan en lugares lejanos. Una
condición indispensable que deben cumplir estos sitios es que su situación
económica y climática debe ser lo más inestable posible, ya que nos gusta la
vida al límite y vivir al filo de la navaja. Si no, nuestra existencia no tiene
emoción y eso no tiene razón de ser.
Después de todo, aquí es preferible comprar la energía sucia
producida por otros antes que vender una energía limpia made in Andalucía. A lo
mejor es momento de mirarnos un poco al ombligo y darnos cuenta de que aquí
tenemos viento, más horas de sol que en ningún sitio de toda Europa, más
kilómetros de costa que ninguna otra región española, una estabilidad política que
ni pintada, un arte tangible e intangible que nos derrama por los poros, y una
gastronomía envidiable de nuevo.
Nos cuentan que España se está recuperando lentamente de la catastrófica
situación generada por anteriores gobiernos a base de pequeñas reformas (en su
mayoría un fracaso) y de repetir los viejos patrones productivos basados en el
ladrillo, la corrupción y la exclusión (por no hablar de los nuevos aeropuertos
vacíos) pero Andalucía se resiste. Bueno, corrupción y exclusión tenemos para
dar y regalar, pero de lo demás nada de nada. Aquí en el sur no tenemos tanta
precariedad laboral porque no hay tanto trabajo, pero sí hay una gastronomía
envidiable.
Un patrón económico con el que podría crecer de manera sostenible
nuestra tierra se basaría en profundizar en el turismo, pero un turismo
accesible, explotar hasta reventar la producción de energía limpia pasando de
ser una región importadora a una exportadora de kilovatios, y ¿Por qué no? Aprovechar
la riqueza monumental, artística tradicional y de arte moderno que nos inunda y
que se puede constituir en una industria de tomo y lomo. A esto habría que
añadir que, aparte de tener una gastronomía envidiable, en lugar de pugnar por
un Eurovegas lleno de humo, juego y prostitución, se debería aprovechar el
talento existente para lograr varios inigualables “Andalucía valleys” en los
que se desarrollara tecnología puntera.
Pero aquí seguimos prefiriendo dormir la siesta eterna y
exportarla. Y así nos va.
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